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Extraído de Clarín, 28 de abril de 2002, Suplemento Espectáculos
Esta es una historia de
coincidencias, de casualidades. La primera es más o menos conocida, pero no está
de más repetirla. Alfredo Casero suele ir a comer comida japonesa al
restaurante Nikkai. Allí trabaja Gustavo Agarigue, un hijo de okinawenses que
lo encaró y le dijo "tengo una canción para vos". Ahí nomás le dio
Shimauta (la canción de la isla), cantada por The Boom, el grupo que
lidera el compositor Kazufumi Miyazawa. Casero la escuchó, le gustó y decidió
incluirla en Casaerius, su último disco. El tema —cantado en perfecto
japonés por el actor— se convirtió en un hit, ganó un premio Gardel como
canción del año (Casero se llevó cuatro en total) y estará incluida en un
disco que se editará durante el próximo mundial y será lanzado
internacionalmente.
Ahora, Kazufumi Miyazawa (Miya para los amigos, pronúnciese Mia) está
en la Argentina sin muchos más planes que conocer a ese personaje corpulento
que hizo famosa su canción aquí. Miya tiene 36 años, es menudo, muy serio en
sus respuestas, pero muy cálido a la vez. Su apariencia es la de un personaje
de animé, las historietas japonesas que son furor entre los adolescentes. Sus
ojos acumulan cansancio (se entiende, tuvo 27 horas de vuelo hasta llegar), pero
está entusiasmado. Casero pregunta si él también tiene que salir en las
fotos. "El quía es muy grosso —dirá—. Yo soy un invitado."
Como buena estrella que es (el disco Shishunki, que incluía Shimauta,
vendió un millón y medio de copias en Japón), Miya no está solo. Lo acompaña
su director musical, Shin Miyoshi —que muestra en su computadora de mano fotos
junto con Mick Jagger, Bob Marley, AC/DC, Marillion, en fin, el tipo enseguida
hace notar que es un capo y que llevó a esos artistas a Japón—, una
asistente personal, un ejecutivo de la compañía discográfica de Japón, dos
de la de aquí y una traductora. Ver para creer, la parte nipona de la delegación
saca fotos y filma en video digital cada paso que da Miya, incluida la
entrevista.
- ¿De qué trata Shimauta?
- Es una canción muy espiritual, que se me ocurrió durante una visita a la
isla de Okinawa. Habla de la separación de un hombre y una mujer, pero es una
separación que ellos no pudieron controlar, no querían separarse.
En un tono muy medido, Miya da más precisiones. "La canción tiene una
historia muy larga detrás. Cuando los Estados Unidos estaban por invadir Japón
durante la guerra, el país educaba a la gente diciendo ''antes de que te tenga
Estados Unidos, te suicidas''. En Okinawa se murieron 200.000 personas. Y a la
mayoría no las mató Estados Unidos". Y, oriental al fin, agrega: "Se
escondieron abajo de la tierra".
Casero dice: "Es una coincidencia cósmica, algo de Dios. La canción habla
de una injusticia increíble, que tiene que ver con la guerra. Y llega acá en
un momento de increíble injusticia y deja bien claro quiénes son nuestros
enemigos y contra quiénes nos rebelamos."
Que el tema vaya al Mundial de Corea y Japón no es algo que desvele a ninguno
de los dos. Miya no quiere que en Japón crean que Casero canta Shimauta
para promover el Mundial. Y dice que va a invitarlo a su país para que cante
con su banda y que la gente entienda que el mensaje es otro. Alfredo dice ni
siquiera saber cómo ni dónde va a estar incluída la canción. Más
coincidencias: ninguno de los dos se copa con el fútbol. Es más, los dos
reconocen un pasado como jugadores de béisbol. "Que un japonés juegue al
béisbol es común, pero que un argentino lo confiese, es raro", ríe el
Gordo.
- Miya, ¿qué sentiste al escuchar tu canción por un cantante argentino?
- Jamás se me hubiera ocurrido que Alfredo no supiera japonés. Cuando uno
escucha cantar a alguien en otro idioma, enseguida nota si entiende la letra que
está cantando. Y el sentimiento que él le dió a la canción es el correcto,
palabra por palabra.
"Tomá", se jacta Casero y cuenta que la toma que quedó en el disco
es la última de todas las que grabó. Que cuando Claudia Ashiro (con quien
canta en el tema) le dijo que había quedado bárbara, era para quedar bien.
Pero que luego la escucharon otros amigos japoneses que le dijeron lo mismo. Y
que cuando la cantó en el Jardín Japonés y vió a viejos japoneses llorando,
lo terminó por creer. "Pensé, o lloran porque la estoy haciendo mierda, o
realmente esto está bien."
En el plan de las coincidencias, Casero cuenta que cuando le llegaron los videos
de The Boom, grabados en el 92 la mayoría de ellos, encontró una similitud estética
con los de su programa Cha cha chá. "Una comicidad muy rara tenían
—completa—. Nada de lo que uno esperaría de un japonés". Después da
una definición de lo que, para él, es Miya como artista: "una mezcla de
lo digital y lo analógico. Es un tipo que te dice que está todo ordenado, pero
que para cantar también se puede romper el pantalón".
Después cuenta que quiere agasajarlo, que lo llevará a recorrer las islas del
Tigre en su barquito ("para que lo morfen los mosquitos"), que le hará
un asado, que irán a su casa a comer empanadas bolivianas y a lo de su amigo el
Petiso José, porque allí se junta a tocar tango el Trío Palermo ("ese
tango que no es para turistas", aclara). Que quiere mostrarle la Argentina
real. Y grafica: "No es lo mismo que te conozca a vos que a Marcela
Tinayre".
Aya Ito, la eficiente traductora, va desgranando una a una las palabras de
Casero. Miya ríe cada vez con más soltura. Se conocen hace poco más de una
hora y parecen amigos de siempre. "Conocerlo me hace sentir menos
solo", dice Casero y sueña con llevarlo para presentarlo con sus amigos de
Puerto Madryn y hacer un concierto juntos en Ushuaia.
"Miya: vos tenés que venir con tu banda, te vamos a organizar algo en un
teatro grande. Vengan pocos, los músicos nomás. Nosotros conseguimos el resto,
la hacemos bien a la Argentina", se entusiasma Casero.
Y el japonés devuelve gentilezas: "Shimauta la canté en San Pablo
con okinawenses. Ahora Alfredo la cantó con okinawenses aquí. Estoy contento
porque esa energía se va desparramando por el mundo. Yo ya creo que la canción
es de los dos, de Alfredo y mía."
"¡Eeeesa! —festeja Casero como un gol—. En serio. Si llego a ir a Japón,
el mensaje que voy a dar es que los argentinos no somos los chicos malos del
mundo ni que no queremos pagar la deuda porque somos traidores o
indisciplinados. Lo único que necesita Japón para cambiar es amor, porque
ellos también tienen problemas. Y nosotros también necesitamos que alguien nos
quiera. Y si no nos quieren, les vamos a ir demostrando que nos tienen que
querer. Voy a decirles que somos un pueblo inteligente, que estamos bien parados
para pelear o para negociar, pero como humanos. El vino acá como un humano, no
lo trae ninguna corporación. Así vamos a poder entendernos. Un corazón es un
ejército", remata Casero.
Para las fotos le pedimos a Miya que sobre un fondo negro escriba con aerosol
algunos símbolos japoneses. La idea le gusta y escribe parte de la letra de Shimauta.
Como un niño grande que es, Casero pide llevarse ese fondo a la casa. La prueba
de una admiración y de una amistad que crece en base a coincidencias.